Y por qué está construido así, que es la parte que importa.
En Latinoamérica la estafa por mensaje es cotidiana. Llega un SMS diciendo que tu cuenta se bloquea, un WhatsApp de alguien que dice ser tu hijo con número nuevo, un correo del SRI ofreciéndote una devolución que nunca pediste.
Y casi nada de lo que existe para verificarlo conoce al Banco Pichincha, al IESS o a Claro.
Recibe un mensaje y busca señales conocidas de fraude. Luego te subraya en el propio mensaje qué parte disparó cada señal, y te explica por qué en español llano.
La estafa más difícil de ver es la que usa un enlace que parece de tu banco sin serlo. Por eso Constata mantiene una lista de dominios verificados y compara cada enlace contra ella.
Cada dominio se comprueba contra el certificado del propio sitio, que lleva el nombre legal de la institución. La comprobación se repite sola cada mes, y la lista muestra la fecha.
Seleccionar texto en un teléfono no es fácil para todo el mundo, y quien más necesita esta herramienta suele ser quien menos práctica tiene. Por eso Constata también acepta una captura de pantalla: un gesto que casi todos saben hacer.
La imagen se lee dentro de tu propio navegador. No se sube a ningún lado, igual que el texto.
No es una promesa de privacidad, es una propiedad de la arquitectura. El análisis es una función pura escrita en JavaScript que corre dentro de tu navegador. No hay servidor al que enviar nada, no hay base de datos, no hay cuenta, no hay cookies.
La prueba está a tu alcance: desconecta el internet y la herramienta sigue funcionando. Ninguna herramienta que suba tus mensajes a un servidor puede hacer eso.
Nunca va a decir «este mensaje es seguro». Cuando no encuentra nada, dice exactamente eso: no encontré señales conocidas.
La diferencia no es de estilo. Decirle a alguien que un mensaje es seguro cuando en realidad era una estafa nueva sería peor que no haber dicho nada, porque le quitaríamos la desconfianza que lo protegía.
Con los mensajes que aporta la gente. No existe un conjunto público de estafas en español latinoamericano, y esa ausencia es la razón de que las herramientas extranjeras no nos sirvan.
El corpus se publica en un repositorio abierto bajo dominio público, con los enlaces desactivados para que no sea un catálogo de sitios de phishing. Cualquiera puede usarlo sin pedir permiso.
Lo hice porque mi familia recibe estos mensajes y no tiene cómo verificarlos, y porque lo que existía no servía para acá.
Es gratis, de código abierto y sin publicidad. No hay cuenta que crear ni datos que vender, porque no se recoge ninguno. El código está publicado para que no tengas que creerme: puedes leerlo.